Investigación híbrida en innovación organizativa: nuestra presentación en GastroTrech Days

Uno de los resultados de mi estancia en la Universidad de Columbia (Nueva York) durante el año académico 2010-2011, ha sido una colaboración permanente en nuevas formas de estudio de la innovación organizacional. En concreto, cómo conectar la tradición de los métodos cualitativos y cuantitativos en la sociología de la innovación y la organización de los métodos relacionados con la minería de datos intensiva de fuentes dentro y fuera de la empresa.El enfoque interesante que sigue el COI es que conecta un enfoque cualitativo cercano a las ideas de Bruno Latour, con la aproximación más cuantiativa basada en datos y análisis de redes sociales. La noción de agencia como algo no estrictamente humano sino como característica de un conjunto mixto de sistemas sociales, herramientas y otros actores, no resulta  extraño para alguien que como yo, procede de la inteligencia artificial.Tengo la suerte de poder poner todos estos enfoques a prueba con un caso real. Gracias a un acuerdo con Telefónica I + D, el Bulli, la Universidad de Columbia y la Universidad Politécnica de Catalunya. Llevaré adelante con Pilar Opazo (que está trabajando en su tesis doctoral en sociología y en cuyo comité estoy) un proyecto de investigación colaborarán en el estudio de la transición de elBulli de elBulli Foundation.

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Cita del comingo, “El contenido nunca ha sido el rey”

“El contenido nunca ha sido el rey, el contacto sí lo es”
– Douglas Rushkoff, Program or be programmed Programmed_af Rushkoff nos recuerda algo muy sencillo: que la red está ahí no para vender contenido sino para ponernos en contacto los unos con los otros. Más allá de la utilización meramente “social”, cuando Rushkoff habla de “contacto” sufiere algo más: la capacidad de hacer cosas juntos. El librito de Rushkoff tiene sus más y sus menos. Su premisa central está fuera de la lógica de los que siguen viendo Internet como un repositorio de contenido o un medio interacciones sociales débiles. Es interesante comparar al respecto cómo evalúan el libro hacen los que se centran en una trayectoria experiencial y profesional no centrada en la programación y los que sí la tienen. Tienen su miga: el libro y la comparación. Ambos apuntan a un problema recurrente sobre la percepción del núcleo cultural de esta rara “era digital”. Seguiremos en ello.

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Ese momento tan robótico tuyo (sí también tuyo)

Hace unos días empecé a leer el último libro de Sherry Turkle: "Alone together, why we expect more from technology and less from each other" ("Solos juntos, por qué esperamos más de la tecnología y menos el uno del otro"). 
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Todavía estoy a medio libro (un tercio en realidad) pero no puedo sacarme de la cabeza una de las anécdotas del primer capítulo. Turkle  la utiliza para definir y compartir la extraña sensación que tiene sobre la noción de "suficientemente vivo" ("alive enough"). Este es sólo uno de los componentes de lo que Turkle llama "el momento robótico". Es decir, el punto de inflexión en nuestra sociedad que tiene lugar cuando dejamos de ser conscientes de la diferencia entre la realidad de los robots y nuestro impulso por proyectar en ellos rasgos parecidos a los humanos. 
En cierto modo, el "momento robótico" puede definirse como el momento cultural en que nuestra relación con lo artificial autónomo, los robots, se vuelve más "humana" que las que sostenemos con otros seres humanos. Todo el libro parece versar sobre las consecuencias sociales de ese cambio. No voy a poder confirmarlo hasta llegar al final. Ya veremos. Mientras tanto, estoy disfrutando de la fiesta. Los libros de Turkle son siempre interesantes, aunque este se presente como más sombrío en comparación, por ejemplo, con "Life on the Screen".
Galapagos-turtle


Pero vayamos a la anécdota que me llamó la atención. Imaginenos esto: una exposición sobre Darwin y su teoría de la evolución en el Museo de Historia Natural de Nueva York. Los comisarios de la exposición se esforzaron en obtener el mayor número de "cosas reales" acerca de Darwin que pudieron: sus cuadernos de notas originales, la lupa que usó, etc. También trajeron varias tortugas de las Galápagos, vivas. La reacción de los niños a la presencia de las tortugas fue lo que puso a Turkle en guardia. En sus propias palabras:

Era el fin de semana de Acción de Gracias. La cola era larga, la gente estaba quieta, sin avanzar. Empecé a hablar con algunos padres y niños. Mi pregunta era – "¿Te importa que la tortuga esté viva?" – Fue una distracción bienvenida en medio del aburrimiento de la espera. Una niña de diez años, me dijo que ella preferiría una tortuga robótica, porque las tortugas vivas vienen con inconvenientes estéticos: "Su agua está sucia. Es feo ". Las opiniones generales en favor de los robots me recordaron los sentimientos de mi hija. Según ella, en ese entorno, estar vivo no parecía ser relevante. Una niña de doce años de edad, fue inflexible: " Para lo que hacen las tortugas, no hace falta que estén vivas".  Su padre la miró, perplejo: "Pero lo importante es que son reales. Ese es el punto "
Desde que leí este fragmento que he estado volviendo a él una y otra vez. ""¿Es un buen ejemplo? ", me cuestiono. ¿Los niños realmente prefieren las tortugas robóticas, ya que serían "más reales" que las vivas? ¿O los niños estaban dispuestos a renunciar a la "cosa real" (tortugas vivas) para que la "cosa real" pueda estar tranquila en su hábitat original en lugar de sufrir un largo viaje hasta Nueva York (o desde el Zoológico del Bronx)? ¿Los niños muestran una mayor preocupación por el bienestar de las tortugas reales que los adultos y los diseñadores de la exposición, obsesionados por asociar la autenticidad con las "cosas reales"? ¿Los niños muestran una mejor comprensión de los mecanismos subyacentes a la narrativa de una exposición? ¿Se supone que una exposición podría muy bien construirse sobre simulacro y seguir siendo una narrativa potente? ¿Eran los niños más postmodernos (por lo que a narrativas se refiere) que sus padres? ¿Pensaban que lo auténtico  puede no tener que ser sinónimo de real?.¿Estoy proyectando yo demasiado en los niños? 😉

Todavía estoy intrigado con qué quiere decir realmente esta anécdota. Lo que he leído del resto del libro (que me parece muy interesante) no me está ayudando a salir del rompecabezas en que me ha metido.

 

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El Hudson por la mañana

El río que puedo ver cada mañana mientras me tomo un té es el Hudson. Desde el piso diez de nuestro bloque la manta de agua se mide bien con la mirada. Sorprende cómo cambia cada día. Lo he visto verde oscuro y sucio y también azul claro. Hay días, como hoy, en que se muestra inclasificable.



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Con tanto hielo como habrá río arriba, sigue aquí, líquido. Hoy, es puro espejo blando. Apenas unas olas discretas arrugan la supeficie con una cadencia perezosa y suave, como si no quisieran hacer ruido.  Más allá de las sombras de estos pequeños lomos grises, el resto sólo es una copia del paisaje de New Jersey, más alto en la otra orilla. Desde allí, el brillo de una ventana sola transmite en un punto brillantísimo, la luz naranja de primera hora del día. El destello cruza el río en una línea recta de reflejos que rebota, una y otra vez sobre el lomo del Hudson, como una de esas piedras que saltan, una, dos, tres, cinco veces cuando las lanzamos desde una playa al mar, al lago, a un río sereno. Sólo que en vez de una secuencia de saltos puede ver en el mismo instante los cinco rebotes de luz al mismo tiempo, intensísimos.

Tanta placidez sorprende en un río, para nuestros ojos mediterráneos, gigantón y fuerte.  También por estar en la ciudad en que está, esa máquina continua que es Nueva York. La disonancia entre la propia experiencia de lo grande en cuanto a ríos se refiere y esta mansedumbre le pone a uno contemplativo. Dejo correr unos segundos la mirada sobre la llanura fría de metal fundido y lento. En seguida, surge una mínima ansiedad alegre, cargada de anticipación, a la espera de un cambio seguro que va a llegar pronto. No falta mucho para que las grandes letras blancas D…E…P, será alguna naviera, pasen delante de casa sobre el costado de una Moby Dick granate, enorme, en lenta panorámica, como los títulos de una película. Fundido a rojo oscuro. Puntual, como cada día, será el primer barco de la mañana. Es el mismo casco granate que luego veremos pasar en sentido contrario por la tarde, poniendo fin a la luz del día.

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Un MediaLab en Salamanca

El dia 31 de Enero, gracias a la invitación de sus promotores, llevé adelante junto con Marcos García (MediaLab Prado) y Teresa Badia (Hangar) una sesión de contextualización e ideación sobre el MediaLabde la Universidad de Salamanca.  (MediaLab USAL). Creo que la referencia sigue estando aquí.

Empecé compartiendo algunas consideraciones sobre cómo diseñar un Medialab. Luego,  Marcos y Teresa presentaron los objetivos, organización y formas de trabajo de sus respectivos centros. 

De inmediato, organizamos una sesión de trabajo con los asistentes. Entre ellos estaban los propios promotores de MediaLab USAL, profesores, estudiantes y responsables de gestión de la Universidad de Salamanca. Compartieron discusión con personas procedentes de ámbitos externos a la universidad como bibliotecas de la ciudad, galerías de arte y asociaciones. Surgieron buenas discusiones. Identificamos oportunidades para precisar nuevos objetivos y posibles formas de colaborar con otros colectivos e iniciativas. 

Creo que el trabajo que habían realizado otros grupos de la propia universidad dentro del proyecto Colaboratorio auspiciado por MediaLab Prado puede ser un punto de contacto con el grupo promotor de MediaLab USAL. Merecería explorarse. 

Pudimos comprobar que existía una buena predisposición entre los participantes. Y buenas condiciones de contorno. Por ejemplo, el MediaLab -que tiene la suerte de estar dentro de una universidad- también puede conectar con otros colectivos relacionados con la cultura fuera de la propia universidad.  Estuvieron presentes con interés y participaron. Ya son un activo de MediaLab USAL que es preciso cuidar.

Creo que hay mucho trabajo por delante y mucho entusiasmo para desarrollarlo. Cosa aún más rara, existe cierto soporte y ganas de ayudar por parte de la estructura universitaria. 

Todo esto es futuro. Veremos cómo irá. De momento, sólo puedo compartir aquí algo de lo que dijimos allí. La evolución de MediaLab USAL está en manos de sus promotores y de la comunidad que les rodea. 

Trazos de diseño para un Medialab

Os incluyo la breve presentación que utilicé para motivar la reflexión. Son consideraciones muy genéricas. A lo mejor pueden ser útiles para cualquiera que en estos momentos se plantee la creación de algo similar a un Medialab.

Para empezar jugué con algo muy obvio: las palabras “Media” y “Lab”.

 1. Media: los media ya no son lo que eran. De los viejos tiempos del multimedia, hemos avanzado hacia la transmedialidad. Todo lo digitalizable se ha digitalizado. Digital es también computacional. Cada vez más, estamos no ya en lo remezclable de la cultura del remix y la convergencia digital, sino en el “complejo cultural de lo programable y reprogramable”, que diría Lev Manovich. Lo programable no se agota en los sustratos habituales. La materia y el software se confunden en sus potencialidades. Lo material deviene programable y, así, los “media” se amplian hasta incluir lo biológico. Veáse por ejemplo la última exposición de Science Gallery en Dublín, “Visceral”,   donde la materia viva se convierte en medio artístico en proceso continuo. O también el trabajo del grupo de investigación de Ricard V. Solé que apunta a cómo la materia biológica se podría programar para que, a su vez, programe. Son nuevas bases de trabajo, nuevos media que convergen, quizá, gracias a la metáfora de la programabilidad y converencia de lo digital. Sobre esto, cabe añadir la entrada del “prosumidor” desde la cultura del remix que invita a nuevos actores en la constelación de los media más allá de la élite especializada e hipercultivada. 

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 2. Lab: El concepto de laboratorio ha cambiado desde los tiempos en que las batas blancas se atrincheraban y dominaban la universidad. El sufijo “lab” se ha reivindicado como la mejor expresión del espacio creativo propio de este siglo. Es un contraste interesante compararlo con la parecida función que cumplìa el icónico “estudio de artista” propio del siglo XIX y principios del XX. Ëse era  entonces el lugar de máxima creatividad: aíslado, solitario e individual. El rincón del genio (en masculino) inspirado. En cambio, desde hace unos años múltiples disciplinas, campos de conocimiento y prácticas quieren tener su “lab” para, así, acceder a un status de creatividad reflexiva  y sistemática cercana al que había gozado el “lab” de investigación. El arte ya no tiene estudios sino “labs” y la cocina construye sus propios laboratorios (sea el de Ferran Adrià o “Le Laboratoire”). Frente al estudio del artista decimonómico, el “lab” es grupal, híbrido y cada vez más conectado con el público. Es más “cool” y más ciudadano. Como decía uno de los entrevistados en un documental reciente “El lab del Bulli es rock and roll”.

 

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Foto David Iliff

La irrupción de la cultura participativa ha abierto los “labs” a nuevos inquilinos.  Bruno Latour en World Wide Lab, apunta que los nuevos “labs” corresponden a redes de personas que trabajan juntas, de ciudadanos que acceden a los procesos y proyectos de los laboratorios y que conjuntamente, conforman otro tipo de lugar de encuentro y de trabajo repartido, en principio, por todo el mundo. No en vano Ferran Adrià insiste en que en su nuevo Bulli, que será, cómo no un “lab” de innovación, comunicará sus procesos al público de inmediato. Además, lo presenta como el MediaLab del MIT pero de la cocina, También y de manera muy significativa, el “lab” se distribuye y confunde con la ciudad. Una vieja publicación de ACTAR se titulaba “Barcelona Lab”  y Anthony Townsend (con quien colaboro en el team de Breakout en Nueva york) presentó recientemente en “CEOs for Cities” el concepto de ciudad como “Civic Lab” (). Quizá todas estas evoluciones se alejen de los Media tradicionales o quizá incorporen otros conceptos de Media aún más complejos. La ciudad como media estoy seguro que haría las delicias de MacLuhan, ahora que andamos celebrando su centenario.

3. Medialab:  la  conexión de los nuevos media con los nuevos lab, da como resultado una combinatoria muy elevada, una enorme abanico de posibles Medialabs. ¿Cómo definir un nuevo “lab” que responda a necesidades y retos concretos? ¿Dónde poner el foco? ¿En el arte, en la ciencia, en la tecnología?.¿En su hibridación?¿Qué es lo que hace aterrizar el concepto de MediaLab sobre una forma u otra?¿Qué tenemos a mano como ejemplos de MediaLabs?.¿Nos servirán para diseñar uno nuevo?.

 

4. Tipologia: Los diversos centros que se presentan a sí mismos como MediaLabs son testimonio de la enorme versatilidad del concepto. Desde MediaLab Prado, hasta Symbiotica pasando por Hangar o Kitchen Budapest, los centros siguen indentificándose a sí mismos en todas sus funciones o en las principales como Media Labs.  Se diferencian entre sí tanto en el foco como en los procesos y los grados de participación que muestran. Es decir, en sus variaciones en diversas dimensiones: foco, nivel de hibridación, nivel de apertura y conexión con las comunidades circundantes, qué cerca o que lejos están del laboratorio global. Cualquiera que se plantee el diseño  de un nuevo Media Lab tiene donde escoger, por tanto. Pero la copia o adaptación directa seguro que no es el único camino. Hay que concentrarse y diseñar con personalidad propia. Con todo, vale la pena echar una ojeada a qué han  considerado importante y cómo lo afrontan cada uno de los autoidentificados como MediaLabs. El proyecto “Lab to Lab”, por ejemplo, es un buen lugar de resumen y comparativa de los diversos Medialabs.

¿Cómo diseñar un MediaLab? A pesar de su centralidad como icono creativo y participativo de la época actual, enfrontar el diseño de un MediaLab no es muy diferente del diseño de otras organizaciones. Basten unos apuntes como recordatorio. En Salamanca comenté diversos aspectos: entorno, procesos, recursos y cultura de aprendizaje y cambio organizativos continuos. Lo podéis leer en la versión (aùn más) larga de este post en .pdf Aquí

 Muchas gracias a Óscar Gil, Teresa Martín, Miguel Gimeno, los promotores de Medialab USAL. También a todos los asistentes. Agradecimiento especial para el equipo de realización audiovisual de USAL TV al que le dimos algún que otro quebradero de cabeza con nuestras ideas y venidas entre los animados grupos de discusión.

 

 

 

 

 

 

 

 

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