Tras un simple clic ¿quién se esconde?

Sencillo. Le damos con el cursor del mouse a un enlace de una página web. O con el dedo sobre una pantalla tàctil de nuestro móvil o tableta. Da lo mismo. En un momento dado, interactuamos con la web. Hacemos cualquier cosa asimilable a un “clic”.

¿Qué pasa después? Muchas cosas. Quizá demasiadas. Veamos esta imagen:

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Esto es el ecosistema de empresas que puede activarse tras un sólo clic. Entre nosotros y una empresa, existen multitud de otras empresas.  Agencias de publicidad, websites de seguimiento de usuarios, servicios de creación de anuncios superpersonalizados, etc.

Nuestros datos vuelan de un lugar a otro. Los trackers, los adplaces y otros websites reciben información captada en nuestras cookies, parte de nuestro historial, la lista de nuestros amigos, etc. etc. etc.

Cuando aceptamos los “términos y condiciones” dejamos abierta la puerta a nuestra intimidad para que otros negocien con ellas. Según esta investigación el número medio de este tipo de sitios que un aplicación de Android puede llegar a contactar es de 500. El récord lo consiguió una aplicación de control de volumen del teléfono de aspecto inocente: accedía a 2000 sitios web de tracking.

Se habla mucho de transparencia de datos para referirnos al derecho a que la información   de nuestros gobiernos y de sus decisiones sea fácilmente accesible y comprensible. Deberíamos pensar también en qué podemos hacer para regular quién y cómo utiliza nuestros datos. Esto es que sea transparente quién accede a ellos. Desarrollar nuevas herramientas para los usuarios es un camino.

Aquí un ejemplo, de Anne Helmond y Alexei Miagkov que organizarán también este año la Escuela de Verano sobre Métodos Digitalesenfocada a desvelar y representar a nuestros trackers.

  TrackingTheTrackers Y el siempre ilustrativo documental “Terms and Conditions May Apply”.

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Memoria, creatividad, sentimiento y Vinton Cerf

Andaba yo, todavía impactado con la exposición de Pedro Torres, entretejiendo ideas en torno a la memoria y la creatividad, cuando dí con el sentimiento. Luego me tropecé con el olvido. Por último, Vinton Cerf, el pionero de Internet, me llevó al final de la civilización con su concepto de memoria.

Graffiti en Barcelona

Graffiti en Barcelona

Vayamos por partes.

Cuando hablaba el otro día de la memoria y de su papel en la creatividad todavía estaba dándole vueltas a la rueda de Giordano Bruno,  a su sistematización consciente de la, por así decir, clasificación de los recuerdos. Bruno añadía a cada recuerdo el quién, el qué, el cómo, el dónde, el cuándo y, nada más ni nada menos, que el sentimiento al que lo asociaba. ¿Por qué el sentimiento?.

Recordé vagamente algo que había leído hacía mucho tiempo. Desempolvé algunos artículos, entrevistas y libros de Antonio Damasio, el famoso neurocientífico. Encontré frases como “es el sentimiento el que da pie a la consciencia”. Un poco más allá venía a decir que sólo el sentimiento tiene un poder suficiente como para recuperar recuerdos lejanísimos con gran lujo de detalles.

Conozco una mujer fascinante que a través de su memoria emotiva es capaz de recordar y revivir el sentimiento preciso que experimentó años atrás. Y con ello toda la situación que lo envolvía: el qué, el cuándo, el dónde y el quién. La revive para lo bueno y para lo malo.

Es, pues, esa áncora sentimental la clave para la estructuración de nuestra memoria y la potenciación del recuerdo. Lo que ahora los neurocientíficos sancionan y comprueban, Giordano Bruno ya lo había intuído hace unos cuantos siglos.

Claro está que la memoria es tramposa. Oliver Sacks dice “memories are not fixed or frozen, like Proust’s jars of preserves in a larder, but are transformed, disassembled, reassembled, and recategorized with every act of recollection.” Y ahí está la gracia. Una memoria imperfecta pero sistemática, con pequeños desenfoques y deslizamientos en cada recuerdo permite conectar imperfectamente ideas poco parecidas: ser “creativo”. La memoria sería más bien una colección de los  “Conceptos Fluídos” de Douglas Hofstaedter. Según él, la base para la analogía, uno de los mecanismos de la creatividad.

Una memoria exacta, precisa e infinita, como la del memorioso Funes de Borges sería, en cambio, el antídoto contra la creatividad. Borges sugiere que con una memoria perfecta e imborrable sería imposible cualquier tipo de pensamiento abstracto. No se podría generalizar. Estaríamos ahogados en las distinciones más nimias. Ferran Adrià sabe que la conceptualización y la generalización son la base de su método creativo. Su memoria grupal creativa es sistemática. Admite la imperfección suficiente como para abstraer, generalizar y, a partir de ahí, poder saltar y conectar con otras ideas poco o muy diferentes. Así es como se obtiene algo nuevo: recombinando lo dispar.

Vinton Cerf se ha descolgado recientemente en una reunión auspiciada por la UNESCO y en otros foros con un grito de alarma sobre la “pérdida de la memoria” digital. La fragilidad de la conservación de los medios digitales puede poner en peligro la memoria de nuestra civilización. Y ya en un crescendo catastrófico hollywoodiense, afirma que puede “llevarnos a una nueva Edad Media”.

Esta admonición no es novedosa. Recuerdo que hace veinte años discutía con mis colegas universitarios de Biblioteconomía sobre las graves dificultades de conservación que les planteaban los CDs. Un incunable aguanta siglos. La información de un CD apenas dura diez años, me decían. Que les pregunten a los comisarios de “New Media Art” cómo se las ven y se las desean no ya para conservar sino para itinerar exposiciones realizadas en los años 60, 70 u 80. Están hechas con materiales tan abstrusos como cintas de cassette, televisores analógicos o discos de 8 pulgadas (sí he dicho de 8 pulgadas).

Cada época olvida por sus propios medios. Si el papel se deshace, lo magnético se descodifica. Y es que, como en la canción de Loquillo “Nada permanece, todo se desvanece”. Y menos mal. La memoria colectiva, desdibujada por la repetición, por la transmisión defectuosa de narraciones que van añadiendo o perdiendo capas; por la pérdida y por el olvido va mutando. Así, de siglos en siglos, el mundo se nos aparece como nuevo. O cada generación se siente pionera. Es joven quien o bien no accede a la memoria porque no la tiene o bien sabe olvidar. Experimentamos el ignorante privilegio de pensar que lo descubrimos todo. Hasta Colón creyó haber descubierto América o Cipango, según.

El concepto de memoria de Vinton Cerf es absoluto, “funesiano”. Trabaja con la idea de memoria-repositorio, exacta, sin difuminados, sin olvido; sin claroscuros, ni deslizamientos semánticos. Un viejo sueño que Umberto Eco rozó con sus críticas a la búsqueda de los lenguajes universales. Quizá una memoria perfecta sí que sea el fin de la civilización. Si Borges tiene razón, nos dejaría sin capacidad de abstracción. Tampoco es tan extraño que Vinton Cerf juegue con esta idea de memoria. Trabaja en una compañía que no quiere olvidar nada: Google.

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